Esa máquina perfecta
La llegada de la primavera siempre me sorprende. No llego a entender como después de un largo letargo, la naturaleza despierta. Plantas, arboles, animales, el bosque ralentiza su metabolismo y queda adormilado los fríos días de invierno. Y al llegar la primavera, no se por qué extraño mecanismo todo despierta, aumenta su vida interna y todo vuelve a funcionar.
Como un reloj suizo, todo funciona perfectamente. Los arboles florecen, el verde reaparece, los animales despiertan y tienen a sus crías.
Esto además de sorprenderme, hace que piense en el mundo como una máquina perfecta. Perfectamente regulada y ajustada. Donde todo encaja perfectamente. La naturaleza, la temperatura perfecta, la perfecta duración de días y noches.
Y todos los seres que la habitan, son necesarios e imprescindibles para que todo fluya. Desde el último insecto que ayuda a polinizar las plantas, el mundo vegetal que sirve de alimento al mundo animal. Desde el último animalillo del bosque hasta el más destacado ser humano que ayuda a mejorar el mundo. Todos y cada uno de ellos son importantes.
Y la máquina es tan perfecta que puede funcionar aunque cualquiera de esas piezas falle, se estropee o falte. Todo seguiría igual, nada cambiaría.
¿Qué pasaría si yo aquí y ahora desapareciese? Nada.

