El ciclo de la vida
Dicen que la vida de los humanos es cíclica, no se donde lo habré leído, y yo creo que los que lo dicen tienen parte de razón.
Cuando nacen son seres indefenso, totalmente dependiente de alguien que los cuide, que los alimenten, que los protejan. Para conseguir su propósito siguen diversas estrategias. El llanto imposible de eludir por los adultos, la ternura, esa gracia innata que tienen todos los cachorros humanos (y no humanos).
Poco a poco van madurando, se hacen más fuertes, más independientes. Pasan una pequeña crisis en la adolescencia, un rebeldía con el único fin de separarse de sus progenitores. Ya no son tan simpáticos y cariñosos con los adultos que los cuidaron. Es normal.
Le sigue la juventud, etapa de pura fuerza, creatividad, crecimiento personal, aprendizaje maduro.
Y la edad adulta donde son capaces de desarrollar todas sus mejores virtudes (que no son pocas). Esa edad en torno a los 40 años donde los humanos dan lo mejor de sí, consiguen su plenitud laboral y personal, incluso crían y cuidan de las futuras generaciones.
Pero esta etapa no dura siempre, la curva vuelve a caer. Unos antes otros después, llega la juventud regresiva, una etapa de des-aprendizaje, perdida de fuerza.
Luego en la des-adolescencia vuelven a ser rebeldes, caprichosos, inaguantables.
Y finalmente la vejez o des-infancia. Dependientes de unas personas, en este caso suelen ser sus hijos o nietos, que los cuiden, los alimenten y los protejan. Para ellos vuelven a desarrollar esa ternura que tanto les ayudó en su época infantil.
Pero también es cierto que esta curva no es en todos los humanos igual y con los mismos tiempos.
Unos maduran muy pronto y en seguida se convierten en viejos. Otros nunca llegan a madurar del todo o viven en una eterna adolescencia.
Creo que los humanos, con sus rarezas nunca dejarán de sorprenderme. ¡Es tan divertido observarles!


