Día de teatro
Sáb, 11/Mayo/2013
Ayer me llamó Otto.
No lo podía creer, me llamó Otto y me invitó a una tarde de teatro.
No me preguntéis qué tal estuvo la obra, di de qué fue, ni si merecía la pena, o si fue interesante. Me pasé toda la representación pensando, que hacía yo allí con Otto, que le podía contar, que decir para parecer interesante, que hacer para no parecer aburrida.
Cuando terminó el teatro nos fuimos a tomar un café. Empecé a hablar, y hablar y hablar y no podía parar. Y él me miraba, y me miraba y me miraba y no decía nada. El pobre debió quedar asustado con una pesada como yo.
Solo pude intuir que le apasiona el teatro, le vi emocionarse en la escena final, que no le gusta su trabajo, y que en realidad tiene mucho que contar.


